El príncipe de la opereta, el encantador de toda una época, el representante de un género casi desaparecido. Francisco López nació en el País Vasco, pero tras graduarse como dentista aprendió a tocar el piano y compuso canciones en su tiempo libre. Desmovilizado en 1942, frecuentó los cabarets parisinos con sus compañeros de rugby, haciendo muchos conocidos en el mundo artístico. André Dassary, antiguo cantante de Ray Ventura, le presentó a Raymond Legrand, cuya orquesta grabó cuatro de sus canciones. Fue el comienzo de una historia de éxitos que iría unida a la de sus numerosos intérpretes, entre los que destacan Tino Rossi, Georges Guétary ("Robin des bois"), Suzy Delair ("Avec son tralala"), Maria Candido ("Rossignol de mes amours") y Maurice Chevalier. Se reencuentra entonces con un conocido vasco, Mariano Gonzáles, futuro Luis Mariano. En 1945, con la ayuda de Raymond Vincy, escribió la opereta La Belle de Cadix para el Casino Montparnasse y ofreció el papel a Mariano. El éxito fue inmediato y se mantuvo hasta la muerte de Mariano en 1970, gracias a la perfecta combinación entre la voz del tenor y la música de López, llena de baladas españolas y estribillos ligeros. Andalousie, Le Chanteur de Mexico, La Route fleurie y, por supuesto, Violettes impériales son las operetas cuya música ha seguido siendo la más famosa de las 50 que escribió López, y algunas de las cuales se han recuperado en películas. Pero con el paso del tiempo, las producciones de los años 70 y 80 perdieron su encanto plagiándose a sí mismas.
C. de G.