Ian McCulloch, el fanfarrón líder de Echo And The Bunnymen, se convirtió en un héroe de la escena indie británica de los ochenta con sus abrasadores himnos románticos de la nueva ola y en el sueño de cualquier periodista por sus mordaces comentarios sobre otras bandas. Con su extravagante corte de pelo y su confianza suprema, el de Liverpool se inspiró en las melodías de los Beatles, la poesía sombría de Leonard Cohen y la emoción explosiva del punk, y sus singles clásicos The Cutter y Killing Moon influyeron en Nirvana, Oasis y Suede. McCulloch abandonó el grupo en 1988 y publicó en solitario Candleland (1989), un álbum sobrio y sincero que contemplaba la reciente muerte de su padre y del batería de los Bunnymen, Ian De Freitas, y que contó con la colaboración de Elizabeth Fraser, de Cocteau Twins. Llegó al Top 20 del Reino Unido con la ayuda de los singles Proud To Fall y Faith And Healing, pero su continuación Mysterio (1992) pasó desapercibida cuando el grunge empezó a dominar el mundo del rock. Los Bunnymen se reformaron en 1996, animados por el auge del brit pop, pero McCulloch regresó más tarde con su tercer álbum en solitario, Slideling (2002), en el que participaron Chris Martin y Jonny Buckland, de Coldplay, y el actor John Simm a la guitarra.