El director de orquesta de origen austriaco Erich Leinsdorf tenía fama entre los músicos de ser un duro capataz que exigía un alto nivel a sus músicos. Tenía una personalidad abrasiva que utilizaba para imponer su meticulosa atención al detalle. Aunque Leinsdorf carecía de encanto, nunca se puso en duda su capacidad como director, y sus servicios eran muy solicitados por las principales orquestas, sobre todo en Estados Unidos.
Tras estudiar música en el Mozarteum de Salszburgo y en la Academia de Música de Viena, Leinsdorf abandonó Austria a tiempo y se fue a trabajar a Estados Unidos pocos meses antes del Anschluss de 1938, cuando Hitler ordenó la anexión de Austria. En Estados Unidos ocupó un puesto como director asistente en la Metropolitan Opera de Nueva York, donde se labró una reputación por la calidad de su dirección de Wagner. Durante su estancia en el Met, Leinsdorf fue llamado a filas por las fuerzas armadas de Estados Unidos (se había nacionalizado estadounidense en 1942), pero cuando regresó del servicio activo tras la Segunda Guerra Mundial no se le renovó el contrato.
En 1947 se incorporó a la Filarmónica de Rochester, puesto que ocupó durante ocho años. A lo largo de su carrera hizo apariciones como invitado con muchas orquestas importantes y pronunció la siguiente cita, muy conocida en los círculos musicales: "Las tres obras por las que merece la pena dirigir son 'Sigfrido' de Wagner, 'La [Beethoven] Novena' y 'La Consagración de la Primavera'" Leinsdorf falleció en Zúrich en 1993 a la edad de 81 años tras desarrollar un cáncer.