A pesar de ser hijo del legendario bluesman Muddy Waters, Big Bill Morganfield creció en la Florida rural con su abuela y prestaba más atención a la música de los Jackson Five y James Brown que a los icónicos licks de blues de Chicago de su padre. De niño tocaba la trompa en grupos del instituto y se labró una exitosa carrera como profesor; pero la muerte de su padre en 1983 llevó a Morganfield a cambiar de rumbo y dedicarse a la música.
Le llevó seis años aprender a tocar la guitarra y un sinfín de pequeños conciertos antes de dar un gran paso adelante cuando apareció en el escenario tocando la armónica con Lonnie Mack ante una entusiasta acogida. Aquello cimentó su amor por la interpretación y se empapó de las raíces y técnicas de los primeros guitarristas de blues de los años 30, 40 y 50, antes de firmar un contrato con Blind Pig Records en 1999. Desarrollando su propio estilo, Morganfield trató de animar y aportar algo nuevo al género en sus primeros álbumes "Rising Son", "Rambling Mind" y "Blues in the Blood", y sus canciones originales fueron bien recibidas por la comunidad bluesera. Ganó el premio WC Handy al Mejor Artista Revelación en 2000 y tocó con Taj Mahal, al tiempo que encabezaba giras por América y actuaba en festivales de Europa.
Aunque pasó poco tiempo con su padre en vida, la propia carrera musical de Morganfield se convirtió en una forma de conectar con su legado y heredó la misma actitud dura y musculosa y el mismo estilo regio y sereno de tocar. Su álbum de 2013 "Blues of a Mood" -producido por Bob Margolin- fue especialmente bien recibido y en 2016 se mostró en su momento más soul y suave en "Bloodstains on the Wall".