La repentina muerte a los 28 años no sólo acortó la carrera de Tim Buckley, un artista intrépido empeñado en romper moldes musicales, sino que contribuyó a forjar la leyenda de un personaje tímido que volvió a despertar interés tras el éxito (y la igualmente repentina muerte prematura) de su hijo, Jeff Buckley. Buckley, que aprendió a tocar el banjo a los 13 años, se sintió atraído por la música folk y se unió a dos grupos, The Bohemians y Harlequin 3. Siendo aún adolescente, empezó a escribir canciones con Larry Beckett, lo que dio lugar a su álbum de debut autotitulado, de orientación folk, en el que ya se detectaba una influencia del jazz y el country. A los 20 años actuaba regularmente en bares y cafés de Los Ángeles y ya era padre con un matrimonio fracasado a sus espaldas cuando publicó su segundo álbum Goodbye And Hello en 1967. Las canciones de Buckley aparecieron en la película Changes, de 1969, y uno de sus temas más evocadores, Song To The Siren -del álbum Starsailor, de 1970- cobró vida propia tras ser utilizado en el programa de televisión de The Monkees; en 1983 se convirtió en un éxito para This Mortal Coil. El odio de Buckley a la publicidad y su naturaleza impredecible obstaculizaron su potencial comercial, ya que, después de Starsailor, experimentó cada vez más con el jazz y la vanguardia. Y en el momento de su muerte por sobredosis de drogas en 1975, Buckley también había abrazado el funk.