Al igual que muchos músicos clásicos que vivieron durante la Segunda Guerra Mundial, los terribles acontecimientos de Europa marcaron su futuro, a menudo de forma impredecible. En el caso del director de orquesta Mariss Jansons, nació en el tristemente famoso gueto de Riga, del que escaparon muy pocos habitantes judíos. Jansons era un recién nacido cuando en 1943 su madre, la cantante Iraida Jansone, lo sacó a escondidas del gueto después de que su padre y su hermano fueran asesinados por los nazis.
Su padre era el conocido director de orquesta Arvids Jansons, que tras la guerra se instaló en Leningrado para ocupar un puesto en la Filarmónica de Leningrado. En 1956 se reunió con su familia y Jansons padre se encargó de que su hijo recibiera clases de piano, violín y dirección de orquesta en el Conservatorio de Leningrado. El joven músico continuó sus estudios en Salzburgo con el famoso director Herbert von Karajan, quien posteriormente envió una oferta formal a Jansons pidiéndole que fuera su asistente en la Filarmónica de Berlín. Corría el año 1969, una época en la que la mano del Estado soviético aún ejercía control sobre todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos, y la oferta nunca llegó a Jansons. En consecuencia, el joven músico pasó a trabajar con la Filarmónica de Leningrado. En la era post-Glasnost, Jansons ocupó puestos en algunas de las orquestas más importantes del mundo y se labró una reputación como uno de los directores más experimentados y respetados en el campo de la música clásica. Tras luchar contra una afección cardíaca, Jansons falleció en noviembre de 2019 a la edad de 76 años.